Buenas ideas para el e-learning

Sé que me repito, pero hoy en e-learning, conocimiento en red y web colectiva veo un video de PICOL muy interesante. El tema es la historia de Internet y es de lo más entretenido, pero lo que me llama la atención, como otras veces, es el estilo del video: simple, limpio y usando la imagen animada como apoyo de una explicación en audio bien estructurada.

Aunque quizá es un poco largo para incluirlo tal cual en un curso online, está claro que explicar conceptos de este modo, haciendo algo similar a un mapa mental animado para guiar la atención del receptor, favorece el aprendizaje y mantiene el interés del alumno. Y si además imitamos el carácter hipertextual de la red para hacer estructuras no lineales al exponer la información (es decir, que se pueda saltar de un concepto a otro a voluntad, con un número limitado de enlaces para no perdernos, en lugar de seguir necesariamente un camino ya marcado), tenemos un buen planteamiento de base para diseñar nuestros cursos.

Cómo NO usar Power Point

Sé que es un vídeo que se ve con frecuencia, pero no puede faltar en este blog. Está en inglés, pero resume perfectamente los vicios de muchos formadores a la hora de hacer sus presentaciones:

Enumero los puntos principales (se pierde el toque humorístico, lo siento):

No incluyas cada palabra que vayas a decir (y que cada idea no ocupe más de una diapositiva).
Repasa la ortografía (para algo está el corrector automático).
Evita abusar de las viñetas, úsalas sólo para los puntos clave. De lo contrario lo fundamental y lo trivial se confunden.
Cuidado con las combinaciones de colores que hacen lagrimear y distraen.
Cuantas más diapositivas, menos efectiva es la presentación.
Cuantos más datos incluyas más dificil es seguir la presentación, cayendo la efectividad. Si van en gráficas, cuanto más sobrias mejor, y cuidado con el tamaño de la fuente.
Reduce al mínimo las animaciones. Las figuras flotando, girando y recorriendo la pantalla hacen que sea más fácil distraerse, aunque en ciertos casos pueden mejorar el impacto. Valora el riesgo.
La fuente que utilizas habla de ti. Escoge una que te guste y, sobre todo, intenta no usar la que viene por defecto, porque da una imagen de desidia que no te conviene.

Tecnicismos o vagancia

No hay día que no lea algo sobre e-learning (o sobre las características de la red en general) que no me encuentre con dos palabras relativas a las formas de comunicación: asíncrono, que es aquello que no ocurre a la vez que otra cosa -en el caso al que aludo sería la comunicación que no tiene lugar con la participación simultánea de los implicados, como un foro, el correo electrónico o este blog-; y síncrono, que no quiere decir nada.

Y aunque no signifique nada, ahí está, en una página tras otra, la bendita «comunicación síncrona» que se hace hueco para referirse a los chats, voz sobre IP y demás, cuando el español tiene una palabra para nombrar lo que ocurre simultáneamente a otro evento: sincrónico.

Lo que me lleva a la reflexión del título: cuando nos encontramos una palabra que no hemos oído en la vida y que aparece casi a la deriva en un texto plagado de tecnicismos, la tendencia es añadirla sin miramientos al vocabulario propio y así dar un paso más en la jerga de los entendidos. Esto tiene un pase con los obvios neologismos que salen al paso, pero no al sustituir palabras que ya existen por otras inventadas, mal copiadas o mal traducidas, simplemente porque no nos ha dado la gana de buscar cinco segundos.

En un campo como la formación, en el que a los profesionales se nos supone formados en general, no estaría de más que anduviéramos con más ojo y no tragáramos con todo.

Conjeturas sobre el futuro

Sabemos de dónde venimos: de la tierra de Jauja de la formación, con consultoras saliendo de debajo de las piedras y cursos subvencionados por doquier. Dónde acabaremos ahora que el péndulo económico va para el otro lado no está tan claro, porque por todas partes aparecen análisis aparentemente contradictorios.

Aquí había tratado el tema casi de pasada a raíz de un artículo del diario El País, pero ayer mismo me enteraba a través de e-learning 2.0 de un estudio británico que parece desmentir a ese periódico (aunque la muestra usada para el sondeo me hace dudar de las conclusiones), también en Dot-learning (blog que acabo de descubrir y que me está dando en qué pensar) mencionan un apunte interesante de tendencias en educación para el año próximo, y hace algún tiempo ya José Luís del Campo Villares llegaba a la conclusión razonada de que la cosa pinta fea.

Hasta que las predicciones fallen o se hagan realidad, hay dos cosas que seguro no van a hacernos mal:

Currárselo más y mejor. Crear y vender una formación de calidad. Si las cosas van bien, nos permitirá destacar, y si van mal, tal vez seamos de los afortunados supervivientes. En el peor de los casos, me hundiría con la conciencia tranquila.

Seguir profundizando en el e-learning. Su crecimiento es la única tendencia clara, independientemente de cómo le vaya al sector en conjunto. Eso sí, por favor, combinándolo con el punto anterior.

Welcome, my friends, to the show that never ends

Quizá uno de los momentos más duros en el trabajo de un formador es el momento antes de que empiece una clase presencial. Aún no sabes a quién vas a tener delante, te surgen dudas acerca de lo preparado que vas, de si te funcionará el video, de si podrás seguir sin problemas en caso de que falle el cañón o el portátil…

Todos esos miedos se van diluyendo con el tiempo, pero nunca desaparecen del todo. Sólo hay una manera de conjurarlos con cierta garantía, y es mediante la preparación, el ensayo, las tablas y unas cuantas medidas que no debemos dejar de tomar jamás:

– Acude siempre con tiempo al lugar donde vas a impartir el curso. Yo recomiendo alrededor de una hora de adelanto, para presentarte a quien corresponda, montar tu portátil y demás aparataje, y tomarte algo tranquilamente mientras esperas a los participantes.

– Si es la primera vez que impartes formación allí, ve, llama o manda un correo electrónico un par de días antes para asegurarte de que tienen cañón y un lugar donde proyectar, enchufes (os aseguro que nunca se sabe), pizarra blanca con rotuladores que pinten, rotafolios o cualquier otro material que vayas a necesitar.

– Si vas a usar pizarra o rotafolios, lleva tu propio rotulador de repuesto.

Infórmate de la disposición del mobiliario, por si necesitas espacio para alguna actividad y no lo hubiera. En ese caso podrás cambiar de planes con tiempo.

No te apoyes totalmente en el ordenador. Además de tener la materia en la cabeza, lleva notas para recordar la estructura de los contenidos, y si piensas basarte en una presentación del portátil, prepara guías para los alumnos (equivalentes a los pantallazos más importantes) que poder fotocopiar y repartir en caso necesario. Si vas a poner un video, lleva una copia en cd por si las moscas.

– Asegúrate de que tu vestuario te permite quedarte en mangas de camisa si hace calor, o permanecer más abrigado si hace frío. Una ropa con la que estés a disgusto puede crearte inseguridad, y pasar frío o calor puede influir negativamente en tu estado de ánimo.

Ve al baño antes de que haya llegado nadie. Parece una chorrada, pero es el mejor momento y te puede evitar un apuro después.

Silencia el móvil.

– Prepárate para ir recibiendo a la gente. Entabla conversación informal con los que van llegando mientras esperas al resto. No te parapetes tras el ordenador ni salgas justo en ese momento a hacer cualquier otra cosa. No huyas, disfruta de conocer gente nueva o de reencontrarte con conocidos.

– Recuerda que los participantes están deseando que todo salga bien, así que de entrada los tienes a tu favor. Relájate y despliega tu habilidad.

Esto sí es e-learning

David Wiley pone en marcha el primer curso universitario de Educación Abierta con un diseño de juego de rol multijugador

A través del interesante y altamente especializado blog de Dolors Capdet (que tengo entre mis favoritos desde hace tiempo) me entero de una iniciativa de David Wiley -creador del OpenContent– para desarrollar un curso sobre aprendizaje abierto que destaca por su originalidad y total inmersión en el aprendizaje 2.0.

Os remito a la entrada original, porque poco puedo decir yo que no diga ella. Bueno, sí, que igual me animo a apuntarme, aunque sospecho que me va a hacer sudar tinta.

Adaptándose al grupo

Ando estos días un poco apartado del blog, preparando un curso con bastante miga más por los asistentes que por el contenido. Así, aprovechando que estoy en ello, comentaré sobre esa misión fundamental del formador que es adaptar los objetivos a su audiencia, recopilando las pautas que sigo para llevar a cabo ese ajuste.

– Para empezar, establezco varios niveles de complejidad para cada apartado fundamental, partiendo de lo más básico. Normalmente juego con tres o cuatro niveles para manejarlos con comodidad, aunque puede haber apartados concretos que requieran algún estrato más. En cada uno de estos niveles voy agrupando los objetivos de aprendizaje de forma que puedan construirse desde cero hasta el grado máximo de experiencia.
Es conveniente establecer con cuidado esta jerarquía, ya que si está bien hecha nos servirá para todos los cursos que tengamos que impartir sobre un mismo tema.

– El siguiente paso es informarme sobre el grupo al que impartiré la formación. Se supone que debería haber homogeneidad, pero lo cierto es que uno suele encontrarse con bastante disparidad entre los participantes y eso puede dificultar la labor.
Cabe decir que muchas veces la información que los responsables del curso proporcionan es inexacta o incompleta, y por ello nunca está de más un poco de investigación por cuenta propia.

– Por último, combinando la información de las fases anteriores, preveo el nivel medio del grupo, lo que me sirve para decidir de cuál de los estratos definidos en la fase anterior debo partir en función de los conocimientos previos que se suponen a los asistentes.

La estructura compartimentada en niveles me permite avanzar y retroceder según las necesidades del momento y de forma organizada. Si observo que un determinado punto que di por conocido no lo es, volveré atrás tantos niveles como sea necesario y construiré el concepto desde abajo, pasando por todos ellos hasta llegar al que considero oportuno. Así tengo la garantía de que ningún apartado queda cojo.

Por supuesto, otra ventaja de este método es la flexibilidad que proporciona para avanzar y retroceder en puntos concretos sin perder el hilo conductor. Es cierto que requiere algo más de trabajo la primera vez que se prepara un contenido, pero compensa sobradamente el esfuerzo que ahorra para ocasiones posteriores y cómo favorece la asimilación de conceptos al proporcionar una estructura clara y definida sobre la que tanto formador como alumnos pueden moverse en función de sus necesidades.

Seamos serios…

Me llama la atención el artículo aparecido hoy en el suplemento Negocios de El País: Aprenda jugando y esquive el paro, se llama.

Resulta ser un análisis somero de dos tendencias en tiempo de crisis: por un lado, las organizaciones recortan sus presupuestos de formación y hacen más hincapié en el e-learning (que reduce costes), y por otro los trabajadores aumentan el gasto en cursos para evitar el despido o salir del desempleo. Todo bastante lógico y con un par de cuestiones que tal vez trate en otra entrada, pero mi primera reflexión es sobre el encabezado.

Entiendo que el título está puesto para atraer al ojo del lector, pero teniendo en cuenta que en el cuerpo del texto no se hace ni media mención al aspecto más lúdico que pueda tener el e-learning, no le veo mucho sentido. Y sin ese matiz, encuentro un tanto exasperante esa identificación entre aprender a través del ordenador y el juego. Si hablásemos de formación a través de videojuegos (una de las múltiples posibilidades que se desarrollan en eso que se da en llamar u-learning o aprendizaje ubicuo, y que sin duda es la tendencia que viene) o de formación presencial lúdica tipo serious play, todavía tendría un pase. Pero ese titular refleja una de esas ideas preconcebidas que, me da la sensación, no están basadas simplemente en el desconocimiento, sino que residen también en la cabeza de muchos responsables de cursos online. La mayoría de las plataformas rebosan de botoncitos llamativos, mascotas sonrientes y autoevaluaciones planteadas en forma de sopa de letras.

Con lo bien que queda un interfaz limpio, un uso intensivo de las posibilidades multimedia que no se limite a leer y apretar botones, y en general un diseño que no parezca pensada para escolares de Primaria… ¿por qué alimentamos la creencia de que «aprender con el ordenador es como jugar»? Aprender «con el ordenador» puede ser más fácil, más completo o tener más posibilidades en ciertos casos -y menos en otros-, y desde luego puede ser divertido, pero no más que otros tipos de formación.

Yo puedo hacer chistes, organizar juegos y montar pasatiempos cuando doy un curso presencial, pero no por eso defiendo que enseño jugando. Enseño con los métodos que más se ajustan a cada caso, que es exactamente lo que ocurre con cualquier acción formativa bien hecha, sea e-learning o no. Tendré que investigar si Moodle tiene alguna plantilla con motivos fúnebres, para compensar.

¡Quiero ser formador (en lugar del formador)!


Si esta idea ronda tu cabeza, antes de nada valora qué es lo que te llama de este campo. La formación empresarial o in company no es el chollo por el que suele tomarse, así que si tu única motivación es trabajar poco y ganar mucho te recomiendo otras opciones (la Quiniela, por ejemplo).
Si por el contrario sabes, o al menos intuyes, que es un sector que requiere esfuerzo y dedicación, entiendo que además del económico te impulsa alguno de estos factores:

– Te gusta la educación de personas adultas, y te entusiasmas ante una audiencia.
– Eres bueno transmitiendo conocimientos e ideas, y como siempre que se nos da bien algo, estás deseando utilizarlo.
– Has recibido uno o varios cursos y la labor del formador ha sido tan buena que estás deseando ser como él 🙂
– Tienes un montón de know-how, conocimientos punteros, experiencia valiosa o ideas innovadoras que estás deseando transmitir.

Todos son buenos motivos, y cuantos más de ellos acumules mejores perspectivas tendrás. Una acción formativa, sea de lo que sea, requiere que te guste lo que haces, que conozcas en profundidad el tema y, por supuesto, que sepas moverte en una clase. Y la buena noticia es que, excepto por lo de ser un experto en el campo, el resto se entrena con cierta facilidad.

Independientemente de tu formación y experiencia, seguramente hay un área de conocimiento en la que te mueves con soltura; procura partir de ahí, e investiga cómo puede aplicarse a la formación empresarial. En algunos casos es más obvio (software específico, management, PRL, marketing y ventas…), pero en otros tendrás que buscar una nueva perspectiva. Un buen modo de hacerlo es partiendo de la oferta formativa que ya existe: en los catálogos de la multitud de consultoras que han surgido a la sombra de la formación subvencionada tienes decenas de cursos sobre temas de lo más variado, entre los que encontrarás alguno que se aproxime a tu campo.
Si además acudes a portales de empleo, verás que todos los días hay ofertas que reclaman profesionales para impartir materias de todo pelaje, así que toma nota y repasa cuáles se aproximan a tus capacidades.

Y hablando de portales de empleo, precisamente te recomiendo que empieces tu carrera como formador por cuenta ajena, contratado por una consultora. Esto tiene dos ventajas fundamentales:

– Serán probablemente cursos de corta duración, con contenidos sencillos y un manual genérico de apoyo, lo que para empezar facilita las cosas. La calidad del manual es otro cantar, prepárate para elaborar el material que necesites prácticamente desde cero.
– La mayoría de consultoras no son muy quisquillosas con la selección de nuevos formadores externos, porque suelen tirar de ellos cuando les han fallado los habituales a última hora, o para cursos tan trillados que es difícil dar con una persona que no sea capaz de enfrentarse a ello. Tristemente, este no es un criterio que diga mucho en favor de la calidad de la formación, pero te vendrá de perlas para meterte en el mundillo. Con el beneficio adicional de que, si reúnes los requisitos de los que hablábamos al principio, destacarás con facilidad por encima del nivel medio.

Así pues, rastrea la red en busca de la oferta que te lanzará al estrellato, envía tu CV a las consultoras que encuentres (que serán muchas) y utiliza tu red de contactos para meter la cabeza en el mundillo. Es relativamente sencillo acabar dando con una oportunidad.

¿Tienes lo que hay que tener?

Un requisito que sí tendrá en cuenta invariablemente quien vaya a contratarte es que tengas experiencia docente. No son raros los ataques de miedo escénico en el último minuto que obligan a cancelar un curso porque el formador no sabía dónde se metía y no era capaz de aguantar la presión. Si de verdad te llama esta profesión y nunca has dado una clase, no te preocupes porque foguearse es relativamente fácil (o al menos lo es descubrir si vales o no), prácticamente todo vale para romper el cascarón, y puedes empezar inmediatamente:

– Habla con tu jefe en el trabajo para plantearle que seas tú quien enseñe a los nuevos a usar el software de la empresa, impartiendo sesiones teórico-prácticas.
– Ofrécete a reforzar la prevención de riesgos con una presentación aprobada por el servicio de PRL (en las oficinas suele repartirse un manual, hacer un test y hasta luego, cuando una simple charla con el proyector lleva el mismo tiempo y convierte un trámite en un aprendizaje real).
– Busca hueco para dar clases particulares por cuenta propia o en una academia.
– Sé profesor voluntario en una ONG.
– …

Si además te haces un curso de formador ocupacional o de formador de formadores rizarás el rizo y te resultará mucho más fácil encarar la tarea, pero bajo ningún concepto vayas a dar un curso sin haber tenido unas cuantas experiencias previas de lo que es una acción formativa. Da el paso sólo cuando ya hayas comprobado que esto es lo tuyo, por tu bien y por el de la profesión: la formación de calidad es mucho más que impartir unos contenidos más o menos complejos, y un formador es mucho más que un experto en esos contenidos, como sabe cualquiera que haya pisado alguna vez una escuela.

Manteniendo la perspectiva


Cuando preparamos una acción formativa, tanto en lo que se refiere a contenidos como a estructura, dinámicas, materiales y demás, es posible que los árboles se hagan tan tupidos que terminemos por perder de vista el bosque. Cuidando las partes al detalle no es difícil caer en el error de convertir los medios en fines, y transformar un curso que debe servir para desarrollar unas habilidades en un montón de imágenes, ejercicios, debates y chascarrillos prácticamente independientes entre si.

Siempre que me enfrento a la tarea de planificar procuro recordarme constantemente cual es el objetivo fundamental que persigo. Demasiadas veces nos encontramos, como alumnos, con formadores competentes que nos hacen pasar un buen rato y nos transmiten conceptos interesantes, pero que mezclan contenidos, adaptan malamente actividades o recursos que sólo tocan el tema de interés tangencialmente (recordemos que tirar de lo conocido no tiene por qué ser malo, pero tiene sus riesgos) y, en definitiva, olvidan para qué están ahí.

Cada vez que definamos cómo vamos a plantear una formación y qué recursos vamos a poner en juego, no podemos dejar de preguntarnos si realmente ayudan a avanzar hacia los objetivos de aprendizaje que tenemos fijados. No utilicemos una dinámica divertida para rellenar simplemente porque llevamos demasiado tiempo hablando: ajustemos sus características a alguno de los conceptos clave que queremos transmitir. Y ante la duda de si realmente aporta algo, desechémosla en favor de otra más apropiada: nuestros alumnos no son tontos, y se darán perfecta cuenta del apaño que estamos haciendo, aunque tengan la amabilidad de no mostrarlo.