Cómo gestionar un proyecto de formación: dejando atrás ADDIE (II) – SAM1

El Modelo de Aproximaciones Sucesivas (SAM) para la gestión de proyectos e-learning, y que ya comenté en una entrada anterior, proporciona una estructura ágil para sustituir a ADDIE como esquema de trabajo. SAM tiene dos variaciones sobre el mismo tema: SAM1 para pequeños proyectos unipersonales (y en mi caso también para gestionar mi parte de trabajo en proyectos compartidos), y SAM2 para aquellos casos en los que es complicado integrar diseño y desarrollo; normalmente proyectos de tamaño considerable.

Ciclo de trabajo

SAM1 es el que uso habitualmente, y responde a un esquema muy sencillo:

Un ciclo de SAM-1

Un ciclo de SAM-1

Este proceso se repite al menos tres veces, comenzando y terminando con la evaluación:

  • En la primera iteración evalúo la situación, necesidades, objetivos y opciones, que luego organizo en la fase de diseño para trasladarlas a distintas posibilidades de formato y medios de distribución. En la fase de desarrollo transformo estas decisiones en prototipos básicos, sin trabajar aún la presentación del contenido sino únicamente la estructura. Finalmente, lo presento a las partes implicadas para que lo fusilen a críticas.
  • La segunda iteración es, con diferencia, la más laboriosa: evalúo hasta qué punto la primera cumplió sus objetivos y recojo los puntos a cambiar o mejorar. A continuación traslado esos cambios a un nuevo diseño (o una variación del primero si he tenido buen ojo), y lo aplico a un nuevo prototipo en la fase de desarrollo. A menos que haya tenido que empezar de cero, que a veces ocurre, en este punto el prototipo da una idea clara de cómo va a ser el contenido final, ya con textos, interacciones y demás. También es el momento de hacer pruebas de distribución, usabilidad y seguimiento, y de validar el contenido y los conceptos tratados.
  • La tercera y posteriores iteraciones son básicamente repeticiones de la segunda hasta conseguir un producto final adecuado. En general se trata de diseñar cambios en función de los resultados de las pruebas de uso y de los comentarios de los expertos en la materia. El peso de las iteraciones lo lleva la producción más que el diseño, y en mi caso tienden a ser ciclos cada vez más cortos.

Problemas

Allen dice que más de tres iteraciones no deberían ser necesarias en la mayoría de los casos, porque el equilibrio entre esfuerzo y resultados disminuye con cada una de más. Le doy la razón en esto último, pero hasta ahora siempre he necesitado al menos un par de ciclos más para quedar contento. Concuerdo en que a partir de ahí se entra en una espiral de perfeccionamiento que alarga los plazos a lo tonto. Desde luego, la situación ideal es poder lanzar el producto final, recoger datos durante un tiempo, y hacer un nuevo ciclo a partir de ahí para pulir todo lo que se quedó en el tintero… pero pocos proyectos se permiten ese lujo.

El otro gran riesgo, que desde mi punto de vista es el mayor, es poner demasiado esfuerzo en la primera iteración, especialmente en el diseño. Descartar prototipos siempre es complicado; al fin y al cabo, los has hecho así porque parecía una buena opción. No es fácil encontrar el equilibrio para que el prototipo se entienda y a la vez no se haya comido más tiempo del que estoy dispuesto a tirar por la ventana (la dichosa aversión a la pérdida), pero es la clave para no frustrarse nada más empezar.

Conclusiones

SAM1 es sencillo, fácil de explicar a los clientes (a todo el mundo le encantan los prototipos, aunque a la hora de revisar se haga un poco cuesta arriba) y, si se vigilan los dos problemas explicados arriba, sobre todo es práctico. Sin dobleces, sin procesos largos y con una reducción de la incertidumbre que, en mi opinión, es su mayor ventaja. Lo he adoptado como metodología por defecto, así que mi valoración es claramente positiva. Si no te preocupa trabajar con algunos desajustes entre el modelo y la ejecución puedes usar la versión iterativa de ADDIE,y seguramente no notarás mucha diferencia; pero si te gusta que teoría y práctica encajen, SAM1 es para ti.

Cómo gestionar un proyecto de formación: dejando atrás ADDIE (I)

Análisis-Diseño-Desarrollo-Implementación-Evaluación es una cantinela que todos los que diseñamos formación nos hemos aprendido en algún momento. Es un método directo y sin complejos de gestión de proyectos de e-learning, posiblemente el más extendido, pero se le pueden hacer críticas muy válidas. La mía se basa sobre todo en que es un modelo de fases en el que faltan procesos.

¿Cuál es el problema de ADDIE?

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A nadie se le escapa que comprobar si estás avanzando en la dirección correcta mientras trabajas es importante. Medir resultados al final y ver qué tal lo has hecho es fundamental, pero es francamente un mal momento para descubrir que tu idea no era buena desde el principio. Incluso si haces esa evaluación al final de cada fase, como sugieren las últimas variaciones de la secuencia A-D-D-I-E, sigue habiendo un riesgo muy alto de que sea demasiado tarde para hacer todas las correcciones necesarias, no digamos ya para cambiar de enfoque. Por eso la mayoría incluimos pequeños ciclos de diseño, desarrollo y evolución dentro de cada una de las fases, probablemente incluso para cada entregable de cada fase. No es exactamente una novedad: los métodos ágiles de gestión de proyectos van por ahí. Pero en este campo por algún motivo lo hacemos escondiendo esos ciclos dentro de ADDIE y sin documentarlo, como si romper la ortodoxia del modelo no mereciera figurar en nuestros informes. Puede que me equivoque generalizando, pero creo que casi nadie aplica ADDIE en su forma más pura, sino que proliferan los apaños caseros.

El título de esta entrada no es, por tanto, exacto: nunca he aplicado ADDIE tal cual, así que no puedo abandonarlo. En algún proyecto de largo recorrido ni siquiera he estado cerca, y he trabajado con un modelo ad hoc, pero ese es un lujo viable únicamente cuando tienes muchos meses para pulirlo.

El modelo de aproximaciones sucesivas (SAM).

Una metodología fiable permite empezar con paso firme, sabiendo que no te vas a dejar nada por el camino. Y buscando algo que no fuera un nuevo parche dí con SAM, desarrollado por Michael Allen. Allen es un habitual en los círculos de debate del e-learning y la formación corporativa, y tiene un discurso sensato, así que parecía una buena apuesta. Lo es en términos generales, porque pone negro sobre blanco lo que describía al principio de la entrada: cómo incluir pequeños ciclos de trabajo en las distintas etapas de un proyecto, para generar y validar entregables que permitan ver si vas por buen camino o no. Allen se pasa medio libro diciendo que su modelo no es un ADDIE con iteraciones, pero la verdad es que no me ha convencido de ello, y creo que los paralelismos son fáciles de encontrar:

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Tampoco es raro, porque las fases de ADDIE son tan obvias, quizá tan naturales, que no creo que haya que romperlas necesariamente: simplemente hacía falta que alguien describiera lo que todos hacemos.

No llego tan lejos como el autor, achacando a un mal modelo de gestión el origen de los males de la formación corporativa. De hecho creo que la mayor parte de la responsabilidad cae sobre el diseño didáctico. Pero sí le doy la razón en que una mala gestión de los riesgos y poca flexibilidad, especialmente en la producción, tienden a generar resultados muy poco adaptados a las necesidades de los alumnos. Me gusta especialmente el énfasis que pone en la exploración de diseños alternativos, y en el análisis de necesidades continuado (que obviamente van de la mano).

Las bases de una buena gestión.

Allen considera que hay cuatro criterios fundamentales en los que debe basarse cualquier proceso de gestión de proyectos:

  1. Debe ser iterativo, para hacer las correcciones que toquen cuando suponen menos coste
  2. Debe facilitar la colaboración, no tanto para mejorar el resultado final sino para acortar los tiempos.
  3. Debe ser eficiente y efectivo (menuda sorpresa), lo que implica tanto evitar el perfeccionismo como detectar cuándo vale la pena invertir un esfuerzo extra para mejorar el resultado final.
  4. Debe ser manejable, en el sentido de que deje claro quién hace cada cosa y permita predecir el impacto de los cambios hechos sobre la marcha.

Son criterios de sentido común y bastante amplios; posiblemente, sobre el papel, cualquier modelo de gestión cumple con ellos. Sin embargo, me parece interesante cómo SAM logra convertirlo en acciones concretas con sencillez. Como estos objetivos no dependen de las mismas variables en proyectos grandes y pequeños, SAM tiene dos variantes: un nivel uno (SAM1) apropiado para proyectos o equipos pequeños y sin demasiadas complicaciones tecnológicas, y un nivel dos (SAM2) para los que tienen más miga.

En una próxima entrada repasaré SAM1, que está ya en mi vida en plan no-sé-cómo-no-lo-he-hecho-así-siempre-porque-es-de-cajón. SAM2 son palabras mayores y no he tenido ocasión para probarlo en condiciones, así que dejaré su revisión para más adelante.